miércoles, abril 19, 2006

"House, M.D." (2004) y las teleseries de médicos

Qué se le va a hacer. Es así. Hoy os hablaré de una serie de televisión. La ya famosa House, que emiten todos los martes en el nuevo canal, Cuatro. No es que a mi me mate la televisión. En líneas generales veo poca, fundamentalmente películas en los canales monográficos que emiten vía satélite. Pero siempre me ha gustado tener la opción de que haya alguna tele-serie, más o menos intrascendente, que me permita entretenerme un ratico sin complicaciones antes de irme a dormir o de hacer cualquier otra cosa. Cuestión cada vez más rara. Las de producción nacional hacen episodios que son verdaderos largometrajes, que una vez te has acostumbrado a determinadas producciones norteamericanas, resultan bastante cutres. En cuanto a las norteamericanas,... pues siempre se salva alguna... aunque tampoco me suelen enganchar.

Dentro de las teleseries, está el género de las de "médicos". Yo, de pequeñito, guardo recuerdos de cosas como el doctor Gannon (Chad Everett) de Centro médico, o del doctor Marcus Welby (Robert Young) en la serie del mismo nombre. El primero era la versión "superchachigranhospital del copón" del asunto, mientras que el segundo era el médico de cabecera de toda la vida, majete y buen amigo de las familias. Me encantaban. Debió coincidir también que por aquel entonces tome la decisión de estudiar medicina, aunque fuera por otros motivos. Y hasta ahora. La verdad es que una vez que me metí en los estudios y en la profesión, se me fueron las ganas de ver este tipo de telefilmes. La famosa Urgencias apenas me llamó nunca la atención, aunque algún capítulo que otro vi. ¿Y qué decir de esa aberración de producción local que es Hospital Central, mal remedo de la anterior? Cada vez que oigo decir que se basa en situaciones reales no sé si echarme a reír o a llorar. Reconozco que sólo la he mirado un par de veces y sin ver ningún capítulo entero. No tengo estómago para más.

Un médico de la "tele" que sí que me gustó fue el doctor Fleischman (Rob Morrow) de Doctor en Alaska,... aunque dada la intempestiva hora a la que la solía programar TVE, dudo que el motivo para verla fuese el simpático médico en el exilio... creo que la "culpa" la tenía esa inmensidad del género femenino que era la piloto Maggie O'Connell (Janine Turner). ¡Qué mujer! Bueno... la serie no estaba mal.

Llegamos por fin a la que nos ocupa. He de reconocer que si en la vida real hubiese conocido un médico en un hospital tan antipático, con tan mal trato con los pacientes, tan pagado de sí mismo, tan insolidario habitualmente con sus compañeros de todas las profesiones, tan... Bueno... en realidad si he conocido a algún individuo o individua con esas "cualidades". Y creo que deberían encerrarlos en algún sitio donde no hiciesen (más) daño a la sociedad. Y qué decir de los casos que diagnostican y tratan. El día que vi aquel episodio en el que una "pava" pilla una encefalitis de origen desconocido, que está a punto de cascar, y al final resulta que es una tripanosomiasis (enfermedad del sueño) que le ha pegado por vía sexual el mejor amigo de su marido, que estuvo en África de cooperante... Claro, el marido al final la deja... Impresionante... y no es necesriamente el más rocambolesco...

Y sin embargo, me he enganchado. Porque es una prueba clara de que en el cine, sea el de la gran pantalla o el teóricamente más modesto de la caja tonta, lo que importa es cuidar la producción y sobretodo contar bien una historia. Y fijaos lo que os digo. No me refiero a contar una buena historia, sino a contar bien la historia que sea. Pensad en Hitchcock. La mayor parte de sus películas corresponden a historias que no tienen pies ni revés. Pero son apasionantes.

Unos buenos diálogos, unos buenos personajes, una buena interacción entre ellos, un ritmo adecuado, vamos, un buen guion llevado con oficio a la pantalla, nos enganchará siempre a quienes amamos el cine y sus derivados. Y esto es lo que me pasa con el antipático Gregg House, excelentemente interpretado por el británico Hugh Laurie. Que por increibles o rocambolescas que sean sus historias, consiguen que me interesen. Y además,... o sorpresa,... de vez en cuando reflexionan sobre alguna cuestión interesante... Y bueno... qué es el héroe... que en todos los capítulos se le ve que tiene... su corazoncito. Y si nada de esto os convencé... pues está la doctora Allison Cameron (Jennifer Morrison), que aunque sale siempre con cara de estreñida, está como un queso. He dicho.

Un TRD en doble, avanza (relativamente) raudo entre Badules (Zaragoza) y Villahermosa del Campo (Teruel)

martes, abril 18, 2006

Azul oscuro, casi negro (2006)

Azul oscuro, casi negro (2006)

Hacía tiempo, más de tres meses, que no iba a ver una película española... excepción hecha de Almodovar, claro, que siempre va aparte de lo que normalmente llamamos cine español. Por lo menos, desde mi punto de vista. Y es que últimamente, el cine español me pone poco. En general, cada vez resulta más difícil encontrar películas que nos maravillen, sea cual sea su nacionalidad. Pero bueno, me acerqué a ver este filme con la ilusión de que no son pocos los que han afirmado que estamos ante una gran película.

En primer lugar, decir que la historia se enmarca entre las numerosas de cine social que han caracterizado algunos de los mejores productos del cine español de los últimos años. Personajes de barrio, normalmente madrileños, que bordean la exclusión social, aunque no necesariamente estén en ella. Atormentados por sus fracasos y por las escasas oportunidades que la sociedad actual les brinda para triunfar. Poco a poco estas historias pueden ir agotando al espectador, como sucedió hace unos años cuando todos acabamos agotados de las películas de la postguerra española. Salvo que tengan alicientes añadidos. Y los alicientes han de venir de mano de los personajes. Personajes con los que sin llegar a identificarnos, al menos hemos de sentir a llegar cierta simpatía/empatía. Y esta es la gran virtud de esta película... al mismo tiempo que puede ser su gran defecto. Ya iremos afinando más adelante.

El director es novel como largometrajista. Daniel Sánchez Arévalo se ha fogueado abundantemente en el cortometraje, antes de estrenar este filme. Se le nota una buena base para el oficio, no metiéndose en complicaciones, pero tratando con gran dignidad a la historia y a los personajes. Sin riesgos, sí que es capaz de enfrentarnos cara a cara con los mismos, y salir airoso del trance.

En cuanto a los actores, existiendo un protagonista claro, Quim Gutiérrez, está rodeado de una serie de actrices y actores que deben dar vida a una serie de personajes imprescindibles. La más destacable es Marta Etura, una actriz joven de lo más interesante, que siempre aporta gran seriedad y madurez a sus interpretaciones, incluso en filmes que particularmente no me han llamado la atención. Sin embargo, su excelente interpretación se ve perjudicada por un tratamiento en su personaje que no acabo de entender. En un cine maduro, adulto, no necesitamos que una presidiaria sea "inocente" para que nos caiga bien, o para que la comprendamos. El guionista se ha visto en la necesidad, desde mi punto de vista innecesaria, de que este personaje sea "una buena chica" para que pueda llevar a alguna parte su relación con el protagonista. Creo que no es necesario que "Paula" sea una "víctima" para que tenga sentido su historia. Es un personaje demasiado explicado; y un poco más de "misterio" no le habría venido mal. Muy bien también Antonio de la Torre y Héctor Colomé en los personajes, estos sí necesarios para comprender al protagonista, del hermano y el padre del mismo. El personaje de "Antonio" es un ejemplo de lo que decía antes sobre el personaje de "Paula". Sabemos que está en la cárcel. Pero no sabemos por qué, y en ningún momento entra en posesión de él ningún maniqueismo redentor. No importa para que cumpla su función. El quinto personaje para mí fundamental es el de la vecina, interpretado por Eva Pallarés. que al tratarse de alguien más convencional ofrece menos margen al lucimiento, aunque el trabajo de la actriz es sólido y convincente. No vi tan necesarios, los personajes del amigo del protagonista y sus padres, cuya historia no me llega a interesar ni la veo necesaria para lo que realmente importa en esta película.

En resumen, es un buen ejemplo de buen cine español, del que se hace con bajo presupuesto y basado en buenas actrices y buenos actores. No me llegó a entusiasmar tanto como a otros, pero sí que pasé un buen rato y la recomiendo, especialmente para quienes no se sientan limitados por el empacho generalizado de cine de acción plana americano. Le pondré un siete (con su siete también en dirección, y sobretodo un ocho en interpretación).

PS: En este artículo he incluido el enlace propuesto por Blogcinema para promocionar la película mediante un boca-oreja en internet, y que me llega via Blogdecine. Sigue cualquiera de los dos enlaces anteriores para conocer más.

Uno de los tradicionales peirones que encontramos en algunas comarcas aragonesas, en las afueras de Villarreal de Huerva, Zaragoza

sábado, abril 15, 2006

Un poquito de "arqueología" ferroviaria

Con la "modernización" de los ferrocarriles en España, la rentabilidad económica ha primado de forma extraordinaria sobre el servicio social que este medio de transporte realiza a la sociedad. Así, hoy en día, sólo las líneas de alta velocidad y las líneas de cercanías son atractivas y cuidadas en nuestro país. Las viejas líneas regionales decaen poco a poco y sus estructuras son abandonadas.


Curiosamente, en una de estas líneas, la que comunica Valencia y Teruel con Zaragoza en lo que fue el antiguo Ferrocarril Central de Aragón, encontramos algunas de estas viejas estructuras ferroviarias todavía en buen estado. Como las que encontramos en la estación de Villareal de Huerva.


Así, encontramos mesas para el accionamiento de los desviós, las tradicionales lamparitas que señalizaban la posición de los mismos, antiguos depósitos y muellas de mercancías, que hoy en día no volverán a ser usados.


Porque hoy nos anuncian que la línea no va a desaparecer. Que se va a modernizar. Que trenes más veloces y eficientes van a recorrer la línea, que va a ser renovada.


Así que poco tiempo les queda a las viejas traviesas de madera que soportan el camino de hierro por el que en el pasado tantos trenes han pasado, lenta y cansinamente, recorriendo unas tierras duras y casi abandonadas, pero en cualquier caso bellas y dignas de reconocimiento. Esperemos que estas viejas estructuras, hoy arqueología industrial y ferroviaria, no desaparezcan. Que sean conservadas, dando sabor a un recorrido, y que permitan que no echemos, una vez más, la memoria colectiva del país a la basura o a los escombros.

viernes, abril 14, 2006

Tardes fotográficas

Aprovechando el buen tiempo y los días de fiesta, estoy saliendo ha tomar fotografías a la caída de la tarde. Estos días estoy subiendo imágenes tomadas entre Bolea y Loarre en la provincia de Huesca. En los próximos días empezaré a subir otras tomadas entre Mainar y Cucalón, en el Valle del Huerva entre las provincias de Zaragoza y Teruel.

Castillo de Loarre, Huesca

miércoles, abril 12, 2006

Original y copia - Rashômon (1950) vs The Outrage (1964)

Algo que antes me gustaba mucho era comparar las primeras versiones de determinados clásicos (o no clásico) del cine, con versiones posteriores. Casi nunca las versiones llegaban a la altura del original, pero no siempre eran por ello malas. Hoy en día es algo que ya no me atrae. La carencia casi absoluta de ideas en el mundo del cine norteamericano hace que las segundas versiones aparezcan como los churros y, de paso su calidad sea... pues eso, un churro. Pero hoy comentaré un caso.

Hace muchos, muchos, muchos, muchos, muchos años... cuando todavía era un adolescente, allá por la transición vi en la televisión un western muy peculiar. Se trataba de un juicio por asesinato, en el que se acusaba a un mejicano de violar a una mujer y asesinar al marido. En el juicio se daban las versiones de los hechos desde el punto de vista de los tres implicados y de un testigo que pasaba por allá. Sí, también la versión del marido, a través de un chamán que se ponía en contacto con su espíritu. Las cuatro eran totalmente distintas. En cada una de ellas, quien lo cuenta queda dignificado, y los otros, a la altura del barro. No me quedé con el título de la película, pero sí que me pareció original dado el tono de las "pelis del oeste" que hasta el momento había podido ver.

Hace no tantos años, ya con un poco más de conocimiento sobre esto del cine, me agencié un clásico del cine japonés, Rashômon de Akira Kurosawa. Me dispuse a verla y... ¡oh, sorpresa! Ahí estaba la historia de aquel no olvidado western de mi adolescencia. La misma historia, el mismo desarrollo, los mismos personajes. Lo único que cambia, el entorno. Ya no estamos en el Oeste americano, sino en el Japón de los Samurais. Inmediatamente, me puse a buscar cuál era la película que vi hace tantos años, y gracias al IMDb.com la encontré. Se trataba de The Outrage, dirigida por Martin Ritt, e interpretada por Paul Newman ¡¡¡haciendo de mejicano moreno y renegrido!!!, Claire Bloom (guapa moza, sí señor), Lawrence Harvey y Edward G. Robinson. Intenté localizarla para volver a verla, siendo totalmente infructuosos mis esfuerzos hasta que hoy, llegó a casa de trabajar, pongo la tele por satélite, y en TCM me encuentro con... ¡¡¡chachán!!! una del oeste en blanco y negro que se titula en español Cuatro confesiones. La pillé. A verla, a disfrutarla y a compararla.

Bueno. No insistiré mucho en la comparación. A pesar del reparto de campanillas, ya se daba hace 40 años la misma situación que ahora. Las segundas versiones norteamericanas no les llegaban a los originales de otros países ni a las suelas de los zapatos. Pero, vale. Me lo he pasado bien. Me he divertido a pesar de todo. Y esta noche dormiré un poco más tranquilo. He recuperado mi memoria cinematográfica, y más o menos tengo claro porqué me llamó la atención este por otra parte mediocre filme... pero esto me lo guardo para mí.

Rama de cerezo en flor, Bolea (Huesca)

martes, abril 11, 2006

V de Vendetta (2005)

V for Vendetta (2005)

En esta ocasión empezaré por el final, por asignar mi puntuación personal a este filme de anticipación política, basado en el cómic de Alan Moore (guion) y David Lloyd (dibujante). Y es que en todo momento me he quedado con las ganas de asignar algo más que un siete a cada uno de los tres apartados en los que divido mi crítica, dirección, interpretación y valoración subjetiva.

Vayamos por partes. La realización de James McTeigue en su primer largometraje como director principal, ya que ya había actuado como ayudante o director de segunda unidad en otros filmes, es correcta. A veces con gran impacto visual. Pero no acabas de definir un estilo personal global, y no siempre sabe enlazar con suficiente fluidez las diferentes etapas por las que pasa la historia. Historia que en la mejor tradición del cine de acción, comienza con un aperitivo fuerte, para luego ir transcurriendo por etapas más reflexivas y profundas para acabar en otro plato fuerte final. La transición entre las distintas etapas y entre las distintas líneas argumentales que en paralelo acompañan a la historia principal no siempre está bien conseguida. Está bien. De verdad. Pero...

En lo que se refiere a la interpretación, de entrada decir que el doblaje nos hurta la posibilidad de disfrutar de la voz de Hugo Weaving, actor sólido que desgraciadamente es famoso por la cara de mala leche y por salir multiplicado por n cuando n tiende a infinito en la para mí infumable Matrix y derivados. Yo lo prefiero de travestido en Las aventuras de Priscilla, reina del desierto. La chica, Natalie Portman, pone por su parte todo lo que puede para dar cuerpo a un personaje que no acaba de estar bien tratado en el guion, ya que tiene también sus lagunas en lo que se refiere a su trayectoria por la película. Pero de esto no tiene culpa la Portman, que hace todo lo que puede para alejarse de la "princesa amígdala", aunque no llega al nivel que adquirió en Closer o en el pequeño papel que le ofrecieron en Cold Mountain, en el que demostraba que tiene saber suficiente para dotar de sufrimiento y agonía a sus personajes. Donde no hay peros que poner es a una serie de secundarios que pone mucho saber y oficio, todos ellos británicos como pueden ser el siempre efectista John Hurt, que tanto nos agobia desde su "parto" en Alien o desde su calígula en la teleserie Yo, Claudio, o el simpático y ambiguo Stephen Fry, al que siempre recordaremos como el entrañable Peter rodeado de todos sus amigos, Tim Pigott-Smith y, sobre todo, Stephen Rea, en su papel de jefe de policia, personaje que desde mi punto de vista no está lo suficientemente aprovechado. Por lo tanto, el reparto, la interpretación está bien. De verdad. Pero...

Y luego está lo que la película transmite. En medio de esta corrección general, la impresión que uno saca es que la historia saca unos temas, que son importantes, que nos debería preocupar, que implican como concebimos las reglas del juego político y social del mundo occidental del siglo XXI, pero que quedan esbozados de forma muy superficial. Especialmente en lo que se refiere a dos cuestiones importantes. Por un lado, el abuso de las posiciones gobernantes en la restricción de las libertades públicas en nombre de la seguridad; por otro, el uso de la violencia para la consecución de unos objetivos que de otro modo pueden ser considerados justos, y cuándo esta violencia se considera legítima y cuándo se considera un acto terrorista. El final de la película, aunque espectacular y efectista, no aclara ni propone una respuesta a estas situaciones, ya que deriva en unas situaciones excesivamente simples y poco creíbles. Lo que yo decía, el planteamiento de la película está bien. De verdad. Pero...

Pequeña flor silvestre en las cercanías de Bolea, Huesca

lunes, abril 10, 2006

La odisea de cambiar una bombilla en un coche

Todas las mañanas, para ir a trabajar, cojo el coche y realizo un recorrido de una hora de duración. Buena parte del año, este recorrido lo hago de noche o con luz escasa, por lo que suelo circular con los faros encendidos. Hoy al dar las luces del coche en el garage, he comprobado con horror que tenía fundida la luz de cruce derecha. Es la primera vez que me sucede en este vehículo, un Toyota Avensis que, por lo demás, va estupendamente.

Al igual que hubiese hecho con mi coche anterior, he cogido la linterna y el manual del vehículo, con la convicción de que en cuestión de 10 minutos, un cuarto de hora todo lo más, el problema estaría resuelto por mis propios medios. Más cuando el cambio de las lámparas viene en el capítulo "Mantenimiento que puede realizar el propio usuario", o algo parecido.

Pero... o sorpresa. Los dispositivos que estaban representados en el manual, se encuentran parapetados tras una sucesión de componentes del motor y anejos cuyo nombre y función desconozco, y que sólo permitirían pasar con holgura para accionarlos a la manita de Heidi. Después de un buen rato de manipulación desesperada, aunque cuidadosa, he valorado que no merecía la pena seguir con el tema... al fin y al cabo... se habría hecho de día.

Me disponía a pasar por un taller, donde estarían encantados supongo de cambiarme la bombillita a cambio de una adecuada remuneración. Dos amables compañeros de trabajo se han brindado a ayudarme, y tras arduas maniobras se ha conseguido el objetivo.

Pero la consecución exitosa del objetivo no me impide llevar encima un enojo de no te menees. El cambio de una lámpara se supone que debe ser algo fácil de realizar por el propio usuario ya que le permite seguir circulando con las debidas condiciones de seguridad. Vehículos que presumen en un momento dado de altos nivel de seguridad activa y pasiva, con no se cuantitas estrellas en las pruebas EuroNCAP, quedan a la altura del barro por un tema como este. Y lo que es peor. Comentarios con otras personas a lo largo de la mañana, hablan de una tendencia en este aspecto que se extiende a todas las marcas. Vergonzoso. Auténticamente vergonzoso. Y supongo que será para hacer caja... más todavía... En esto también me fijaré cuando vuelva a comprarme un coche. Aunque todavía pasarán muchos años.

Vista de Bolea, Huesca