domingo, marzo 27, 2005

2001: una bíblica odisea del espacio

Hoy es domingo. Por lo tanto, como casi todos los domingos, he comido en casa de mi padre. Con él y con mi hermana. Tenían la televisión encendida. Inevitable. España es así. De repente, en un canal de pago por satélite anuncia el siguiente programa. 2001: Una Odisea del Espacio (2001: A Space Odissey). Una obra maestra de la ciencia ficción y del genial Stanley Kubrick.

No entraré ahora a comentar la película. Además sólo he visto una parte de ella. La puedo ver cuando quiera, ya que forma parte de mi videoteca. Pero ha sido la primera vez en la que he observado una similitud con el Génesis de la Biblia. Probablemente, también con otros textos o tradiciones religiosas. Hay menos originalidad de la que nos imaginamos en el mundo de las creencias sobrenaturales; todas se basan en elementos comunes. Todas han creado sus dioses a nuestra imagen y semejanza. Pero bueno, a mi formaron en la religión católica ("dios" me libre de decir educaron en la religión católica).

La primera similitud es la de la identificación del monolito con el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Una mezcla de tradición y cachondeo ha hecho que muchos identifiquen el pecado original con los pecados de la carne. Error. El ser humano peca cuando quiere saber; cuando quiere conocer y alcanzar mayor control sobre sí mismo. Liberándose de paso de la superstición. Es de entender que las jerarquías eclesiásticas peleen con tanta saña contra el pecado original. El monolito ofrece al ser humano exactamente eso. El conocimiento, la capacidad de obrar, de instrumentar,... y haciéndole que trascienda de su estado animal al de persona. Curioso.

Esto nos lleva al segundo pecado. El pecado caínita. La utilización del conocimiento y de los instrumentos contra su hermano, contra su semejante. Y aquí si reconozco el lastre que como especie nos ata a nuestro más atávico origen animal. Cuándo nos podremos librar de él... o si no, cuándo el mundo se librará de nosotros... Reconozco este pecado. No reconozco la influencia de las religiones en su lucha contra él; cuántas veces han sido los líderes religiosos los que han impulsado al hombre a la guerra o al homicidio de sus semejantes. Incluso hoy en día. Un tal Ibn Laden. O un tal Bush.

En cualquier caso, si les gusta el cine, vean la película. Tal vez, con sentido común, comprueben que lo único cierto es que hoy debo estar bajo la influencia de alguna droga desconocida.



La Iglesia Conmemorativa en Berlín, ruina de los bombardeos de la II Guerra Mundial, y uno de los símbolos desperdigados por el mundo de las luchas cainitas de los seres humanos. Esta y otras fotografías de mis viajes en De viaje con la cámara al hombro.

No hay comentarios: